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viernes, 7 de enero de 2011

La Sibil·la i la Seu

Vaja per davant el greu que em sap l’afonia de na Maria del Mar Bonet. Especialment per a ella, que no ha pogut acomplir un somni –cantar la Sibil·la a la Seu- quan ho tenia a ran de mà.

I quedi clar l’agraïment per donar la cara –per a molts dels presents només la veu, el poc que li quedava- per explicar el que estava passant i patint.

Però també vull deixar clar i llampant el meu sentiment més que de frustració de presa de pel per l’acte i els seus organitzadors.

Jo havia acudit –com crec que la gran majoria dels presents- pel fet musical: la Sibil·la en la veu de Maria del Mar Bonet i la Coral Universitat. L’acte d’homenatge, explicatiu i tal volta divulgatiu ja ho va celebrar el Consell de Mallorca. A Palma i inclús a París. Ara i ahir s’oferia el so en veus ben esperades. El lloc era l’adient, la cita a un dia esplèndid, i l’hora adequada per a tots els públics. Així ens ajuntàrem a la Seu els milers de persones que hi érem. Però no per escoltar els parlaments que ens va tocar escoltar –aguantant nins en difícil silenci, però aconseguit amb gran respecte- sense saber que l’acte acabaria reconvertint-se en una recitació.

L’església –trobo- és el lloc adient per escoltar aquesta música. Com ho és per a moltes manifestacions artístiques –musicals i plàstiques- que al llarg dels anys l’han tenguda com a rerefons i context. Com també l’església ha estat el rerefons vital al llarg de molts de segles.

Però això no vol dir que els agnòstics –des del respecte que ens pot caracteritzar- no puguem tenir accés als temples per a aquestes manifestacions. Podem i volem, però sense necessitat de rebre adoctrinament ni proselitisme. Jo no sento devoció pel cant de la Sibil·la, sento emoció. I li agraeixo a l’església que hagi col·laborat a la seva conservació, des del seu origen com eina doctrinal, o formativa, diguem-ne tal volta mitològica o llegendària.

Però igualment que jo respecto a l’església, espero la seva correspondència. Si l’acte s’anuncia com a musical, ho ha d’ésser, i no doctrinal. Esperar tres quarts d’hora mentre es desenvolupen uns parlaments, qualcú històric, però d’altre proselitista, a que sigui la pròpia cantant qui expliqui la seva circumstància i que reconvertirà la cançó en un recitat, em sembla una manca de respecte, i en quan al primer, un aprofitament de les masses assistents.

Els meus fills no es mereixien això, aguantaren estoicament i respectuosa, quan amb la informació verídica: que seria un homenatge formatiu i que la protagonista feria el que podria amb la seva veu rompuda però no cantaria, no els hagués fet esperar aquest temps. Podríem haver escoltat la Coral Universitat en qualcuna de les seves encertades gravacions, com també la de la senyora Bonet –que per altra banda ja han sentit prou aquests dies- i no tenir que sortir perquè el cansament i l’atabalament entre tanta gent els hi impedia esperar més.

lunes, 21 de junio de 2010

El Museu Fundación Juan March presenta la etapa parisina de Palazuelo



La Fundación Juan March dispone para su sede de Palma la inauguración de la que se prevé como interesante exposición: la etapa parisina (1948-1968) de Pablo Palazuelo. Es un proyecto organizado conjuntamente con la Fundación Museo Jorge Oteiza y en cooperación con la Fundación Pablo Palazuelo. Se inaugurará en Palma el 22 de junio, para viajar posteriormente al Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca y luego al Museo Oteiza de Navarra.

El artista, nacido en Madrid en 1915 y fallecido recientemente (2007) en la población madrileña de Galapagar, es conocido fundamentalmente como pintor, aunque cultivó con generosidad el desarrollo espacial y volumétrico –la escultura- de la abstracción geométrica tan lineal que le daría fama. A partir de los años setenta su obra resulta característica y podríamos decir que reconocible; sin embargo, esta muestra permitirá, en un recorrido en gran parte inédito, la posibilidad de retrotraernos a la obra de un artista, aunque ya maduro, todavía no establecido en un lenguaje único, sino en fase de búsqueda.

A la espera del centenar de piezas que la componen, entre pinturas y dibujos, junto a diversos materiales documentales como fotografías, escritos y correspondencia, yo me quedo con una de las obras seleccionadas como imagen para cartel, y con ese “No vale” junto a otras indicaciones a lápiz y bolígrafo: se trata de un dibujo a tinta china sobre papel, Cosas olvidadas parece su título definitivo, y ejemplifica del mejor modo posible el proceso evolutivo del artista en la búsqueda de ese lenguaje. Muestra la esencia de la entraña del trabajo de Palazuelo. Quizá a él no le gustara que lo viéramos; para nosotros es revelador.

martes, 1 de junio de 2010

Desacralizando

Me gustan los rituales. Tras la fase vital de su rechazo, he vuelto a reconocerles su valía. Pero aún y con eso, creo que a algunos hay que dejarlos sin la importancia que no tienen. Y me refiero a la Feria del Libro. O a las ferias del libro.


¿Acaso no es lo mismo la Feria del Libro de Madrid que cualquiera otra de las que se van y vienen celebrando por las ciudades españolas?

Durante los quince años que mi residencia estuvo en Madrid, no falté ni uno a visitarla. Y siempre obtuve algo: al principio eran mis padres quienes me proveían y más tarde ya administraba yo mis dineros; amén de catálogos y miles de folletos… porque esa feria tiene varias características: infinidad de casetas –eso sí-, pero también la presencia de las editoriales con sus catálogos, el descuento en la compra –que nunca ha fallado- y las firmas. No he sido nada mitómana y no tengo dedicados, ni siquiera firmados; ninguno de la Feria. Pero entiendo el encanto. Acercarme a ver a los autores mientras firmaban y analizar cómo trataban a su clientela, eso sí lo he hecho. Por aquello de conocer el terreno, porsi.

Y mucho más que habría que decir de la Feria del Libro de Madrid; todos los suplementos que se le dedican, lo mucho que se habla y escribe durante unos días de los olvidados libros, etc.

Pero lo que quiero es compararla con las ferias del libro de los otros lugares. El año 1991 ya no acudí a la de Madrid, y desde entonces por estas fechas estoy en Palma. No puedo asegurar que haya ido todos los años; ni siquiera puedo enumerar dónde se ha celebrado sin miedo a equivocarme: del Borne al Parque de las Estaciones, vuelta al Borne, luego Plaza de España, Borne, ¿ya definitivo? El descuento se hace sólo los últimos años, con lo que, ¿qué ventaja tiene comprar ahí si al precio normal compro mejor en las librerías que conozco y donde encuentro mejor los libros? Editoriales nos visitan las de enciclopedias, así que “no, gracias” y las instituciones que, -bien es cierto- es el único momento posible para adquirir sus publicaciones por mor de su mala distribución; apunto un positivo para la feria.

Sólo me queda por mencionar el tema de las firmas. No, queda lo mejor de esta feria, que es la carpa de actos. ¡Lo mejor son los actos de presentación de libros! ¡Este año comentan que la organización lo ha tenido difícil por exceso de solicitudes!

Claro que todo lo que he dicho y pensado hasta aquí es desde el punto de vista de quien le gustan los libros, los lee, los degusta y usa las librerías, y no digamos las bibliotecas. A lo mejor resulta que toda la parafernalia de sacar los libros a la calle es necesaria para que la gente –el resto- los conozca y compre.

Ya se sabe: el porcentaje más alto de libros vendidos es el de aquellos para niños pre-lectores; y el número de best-sellers que se venden cuando uno engancha, también resulta sorprendente.